La Gloria de las Palabras

Microrrelatos, relatos y poesía

El escritor

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Desde muy temprano, a pesar de ser verano, se oía el incesante martilleo de sus temblorosos dedos sobre la vieja máquina de escribir. La frente fruncida, la mirada endurecida como la de un viejo lobo de mar y un perenne habano apretado entre los labios;la estancia cubierta de un espeso humo que dejaría sin aliento a cualquier visitante poco acostumbrado y un montón de polvorientas hojas de periódico esparcidas por el suelo a modo de alfombra. Cada cierto tiempo, dejaba su labor y recorría la amplia habitación soltando improperios y haciendo bolas de papel con lo previamente escrito. “Te exiges demasiado”, le solía decir su adorable esposa antes de fallecer, hacía unos años. Su carácter se había vuelto rudo y solitario y, en ocasiones, la severidad de su rostro se tornaba en pesar y desaliento. Entonces, cogía con mucho cuidado el antiguo baúl que adornaba su escritorio y lo apretaba fuertemente contra su pecho. Luego, lo abría y releía una y otra vez la entrañable carta de despedida que le había dejado su amada Julia, o “la pequeña Jul”, como él la llamaba cariñosamente.

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